Una preocupación cotidiana en la vida de cada ser humano suele ser la contaminación que se vive en el lugar donde se habita. Desde pequeños, nos enseñan una manera de desechar los residuos, pero no siempre se nos enseña a separarlos y reciclarlos adecuadamente, aunque sea totalmente necesario. En ese sentido, no solo vivimos con la problemática de estar rodeados de basura física que afecta nuestra forma de vivir y que muchas veces ni siquiera separamos, sino que también día a día nos situamos alrededor de cantidades inmensas de basura socioemocional.
Pero ¿a qué llamamos basura socioemocional? Este tipo de desecho se refiere a material inservible que no necesariamente es físico, como una bolsa o una botella, sino que más bien es psicológico, el cual entra, muchas veces, sin darnos cuenta a nuestra mente, acumulándose y afectando directamente nuestra salud mental. Algunos ejemplos de ello pueden ser los comentarios negativos que escuchamos hacia nosotros o hacia otros, las críticas destructivas, las noticias amarillistas y manipuladas en favor de los medios, los chismes y todo ese contenido que más que aportar algo positivo a nuestra vida nos termina preocupando e influyendo social y emocionalmente.
Todo esto va impactando negativamente la forma en que miramos el mundo y reaccionamos ante él, volviéndose en muchas ocasiones sacos pesadísimos, imposibles de cargar, que ya no vienen solos, sino también lo hacen con enojo, tristeza, resentimiento, apatía, ansiedad, preocupación. Ya estamos contaminados, es por eso que es necesario sacarla de vez en cuando, utilizando herramientas como la meditación, el ejercicio, yoga, salidas saludables con amigos y familiares, hacer un pasatiempo que te guste, leer, entre muchas otras que ayudan a volver a nosotros mismos, dejando esos enormes costales que nos van limitando, separando lo útil de lo que no aporta nada positivo a nuestra vida y desechándolo para llevar una vida más ligera y feliz.